..."El verdadero santuario es aquel donde yo estoy. La casa de Nazareth y la casa de Betania eran verdaderos santuarios, porque ellos me albergaban. Cada corazón está destinado a ser un verdadero santuario para mí. Recuérdenlo. Aséense a fondo y Yo, el que Soy, el que Somos, vendré en unidad con el Padre y con el Espíritu Santo y habitaremos dentro de ustedes convirtiéndolos así en verdadero santuario para mí. Igual deben ser sus casas. Yo he querido morar en el sitio que me tienes reservado y allí estoy por mi querer. Adórenme, adórenme, adórenme y bendíganme, para que sean benditos.
No se pierdan en especulaciones. Anonádense y adórenme. Eso basta...
...No quiero maestros. Quiero semillas que sean luz y sal del mundo; porque sepan morir para resucitar. Ojalá quienes asumen el papel de maestros despierten y sepan que el verdadero maestro es el verdadero discípulo, porque asimila el aliento o espíritu del Único y Verdadero Maestro...
Cada puente es un medio de tránsito. Esto es de servicio y, por lo mismo, es entrega de sí para los otros.
Esta espiritualidad nueva, novísima y novedosa de los esclavos de la Esclava de Dios es eso: un medio vivo de amor y, por ende, de servicio y de entrega: una entrega absoluta y una donación perfecta, como María Santísima.
Este mandamiento es para todos. Que todos y que cada uno en particular lo viva y lo practique.
Esto quiero. Y esto mando:
"Anonádense. Sean vírgenes.
Sean mansos y humildes de corazón.
Ámense los unos a los otros y sean uno."
Y ¿Tú, hijo mío?... ¿No sigues experimentando mi presencia, a pesar de tus maldades? ¿No eres mi bastón de ciegos, preferido por Mi, no obstante tus torpezas? ¿Crees que es por azar o coincidencia que experimentas ligerísimos reflejos de mi pasión en tu cuerpo y en tu espíritu? No, hijo, no. Eso ni es azar ni es coincidencia. Es parte de mi amor a ti y a tus hermanos. Experimentar mi pasión es una gracia de purificación que deben bendecir.
Bendíceme y adórame. Dame gracias y alégrate, hijo de la Resurrección. Alégrate y sigue. Sigue con renovadas fuerzas y con renovadas alegrías y esperanzas.
Predícame con tu resurrección. Se más testimonio y más silencio.
Cada vida es un libro en el que los otros deben leer los mensajes de Dios. El libro no grita para ser leído. Se expone simplemente. El verdadero testigo es, ante todo, un testimonio, una vivencia, una verdad. Y en esto, el que tenga oídos que oiga. Lo que a ti te digo a todos lo digo.
...Amen todos a mi Madre. Siéntanse, ahora y siempre, mi herencia depositada en el corazón y en las manos de María santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, madre, maestra y modelo para ustedes...
Cfrt Acta 579

5:40 a.m.
