Digan:
Dios mío:
Ayúdame a ser virgen, como María, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, y para vivir y obrar como Ella.
Toma mi voluntad y lléname de Ti. Amén.
Acta 916
..."Tiempo es de que reflexionen con seriedad en esas enseñanzas. En mi no basta pretender hacer el bien; hay que hacer el bien, y, hacer el bien, es obrar en concordancia con mi voluntad revelada en mi Palabra: Los mandamientos de la ley de Dios; mis enseñanzas recogidas por testigos presenciales de excepción: los evangelistas y los apóstoles que dejaron cartas escritas. El magisterio de la Iglesia es depositario de todo eso y, el mismo magisterio de la Iglesia ceñido a mi Palabra. Sean prudentes: Hagan alto, piensen, mediten, reflexionen. No se muevan por estimulantes afectivos.
Sepan y recuerden esto:
Mi Palabra a veces hiere la afectividad, porque no siempre la afectividad está en concordancia con la verdad. Mi Palabra es la verdad y la afectividad puede estar aguijoneada por el error. El error no es la mentira; pero, en sus efectos, puede implicar los mismos resultados de aquella, puesto que no es la verdad. Mi Palabra es lo que es y no otra cosa; porque es mía y Yo Soy el que Soy y no otro. Alterar mi Palabra, bajo cualquier influjo, equivale a estropear la verdad y, en consecuencia, es obrar en contra de mi voluntad. Cuídense, por tanto, de caer en este riesgo.
Con esta pauta sepan discernir entre lo mío y lo de ustedes; entre lo bueno y lo santo. Lo mío es siempre santo. Equivale a decir: perfecto. Lo de ustedes, aun siendo bueno por sus intenciones y destinos, no siempre es perfecto; porque puede estar sin mi y, por tanto, no ser santo.
No lleguen, por ejemplo, a la confusión entre lo puramente de ustedes y lo mío. Hay empresas de ustedes y empresas mías. Sepan distinguirlas. No todas las empresas de ustedes son malas; pero no todas son santas. Esto es, mías.
En las empresas de ustedes obren con la prudencia de ustedes ceñida a mi voluntad y, aquellas, aun siendo humanas, pueden llegar hacer mías. En aquellas no limiten los carismas recibidos, para obrar en ellas, impulsando sanamente el desarrollo para el bien. No se limiten en la iniciativa y el esfuerzo. Por el contrario, piensen, ahí, en la parábola de los talentos.
En las empresas mías, sin limitar sus aptitudes o carismas, déjense guiar por mi voluntad, cuya presencia la revelo siempre en los detalles y en las concordancias. Descubrir mis intenciones requiere vivir en sintonía conmigo, lo cual requiere, a su vez, ser virgen. Vean, cómo, la virginidad es una exigencia constante e imperativa. Sin ella no se da mi voluntad en ustedes; ya que Yo, aun pudiendo hacerlo, no actúo jamás anulándoles la voluntad; porque aquella, juntamente con la libertad, son la mayor expresión como don de mi amor a ustedes. El Padre y Yo somos uno y, El, los creo a su imagen y semejanza, esto es, entre otras realidades, libres, como El y como Yo, en unidad con el Espíritu Santo.
Las empresas mías no las realicen con el criterio de las empresas de ustedes. Sepan que no son las mismas y, por lo mismo, que no son lo mismo.
No corran a hacer empresas que los hagan fuertes, creyendo que así son más prudentes. Sepan que la prudencia se revela solamente con el cumplimiento de mi voluntad ajustada a mi Palabra. ¿Lo entienden? No prefieran, en mis empresas, sus técnicas, luces y criterios, a los míos. Lo mío es simple y parece absurdo en el criterio cientifista y prudentista de ustedes.
No vayan a crear monstruos que lleguen a apartarlos de mí. Los monstruos son inmanejables y, sus resultados son monstruosos ¿Lo entienden?
Hay, sobre esto, muchas experiencias a lo largo de los siglos. Los monstruos creados por la fe imprudente en el sentido de la prudencia de Dios acaban con la fe; pues, ellos, la acaparan convirtiéndose en ídolos que destronan el amor de Dios. ¿Lo entienden?
Las empresas de Dios no son monstruosas, sino santas. Sus resultados son, entre otros, la santificación de las creaturas que las crean e impulsan.
No se consulten a ustedes; consúltenme a mí. ¿Cómo? Siendo vírgenes, humildes e implorándole al Espíritu Santo, para que El los ilumine."
Revista María Hoy
Santa fe de Bogotá, D.C,
Viernes, Febrero 14, 1992 - 04:00
