"Conviértanse!"
Si quieren amar de verdad y ser amados, conviértanse.
El amor sin conversión es paganismo: mera caricatura del verdadero amor que, ante todo, es donación o entrega, sin recompensa o contraprestación, del que ama, al que es amado.
Lean, relean y mediten: 1 Corintios 13.
Los romanos, en mi tiempo, amaban a su modo, con un amor concupiscente y egoísta. Los romanos no amaban, en el sentido cristiano del vocablo. Por eso eran: usurpadores, tiranos, incontinentes, lujuriosos y pegados de sí mismos. Sin embargo eran filósofos, literatos, hábiles en el manejo de las ciencias y las cosas; grandes políticos; grandes gobernantes; grandes en todo lo que puede lograr la prudencia de los hombres, con sus propios recursos. Pero, esa grandeza y esa prudencia, son como la estatua de Nabucodonosor.
Lean, relean y mediten: Daniel 2.
Los griegos, en tiempo de Pablo, eran sabios, con la sabiduría de los hombres. Su ciencia, como las ramas de los grandes árboles, aún cubre la tierra. Eran filósofos, literatos, artistas estupendos, pero, también, como los romanos, de quienes fueron maestros, eran paganos y, como tales, su amor era concupiscente y egoísta. Ellos amaban a su modo; pero ese amor no era como el amor cristiano, generado por mí y que Pablo llegó a predicarles, con mi Espíritu, pero en su propia lengua. No podrían entenderlo; porque mi amor, era diferente y antagónico a sus conveniencias y creencias. Amar con el amor del Dios desconocido, del que Pablo les hablaba, era derrumbar sus estructuras ideológicas. En resumen: era convertirse renunciando a todos sus principios, costumbres y creencias. Por eso se cerraron a las enseñanzas de Pablo y lo desterraron de su areópago, arrojándolo de la ciudad más culta del estado. Atenas fue cristiana; porque era demasiado culta, al modo de los hombres y, como consecuencia, no podía bajar a la virginidad, para albergarme, porque Yo, el que Soy, el que somos con el Padre y con el Espíritu Santo, en el misterio de la Santísima Trinidad, era el azote que acabaría con su instalación, Corinto, pueblo prostituido, pero inculto, era menos hostil, al fondo, porque, aunque pagano también, y al máximo, estaba menos instalado en la cultura, al modo de los hombres y, su amor, aunque concupiscente al máximo, también, tenía menos raíces en la prudencia al modo de los hombres. Por eso la Palabra afirma que, a los buenos y sabios al modo de los hombres, las prostitutas los adelantarán en el reino de los cielos.
Lean, relean y mediten: Hechos 17, 16 - 33; 18, 1-11
La sabiduría y las costumbres al modo de los hombres, no son garantes del amor cristiano, que es el amor de Dios; en resumen: Dios mismo; porque "Dios es amor": 1 Juan 4, 8.
¡Conviértanse!
¡Conviértanse!
¡Conviértanse!"
Revista María Hoy
Santa fe de Bogotá, D.C.
Miércoles, Diciembre 24, 1997 - 04:41
