De nuestros sacerdotes - escuchar:
Lección
No. 193
Ustedes sean pequeños.
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Ustedes no sean insensatos. No vivan y obren como los insensatos. No se esfuercen, como ellos en cerrarle el paso a los otros, pretendiendo ser primeros en honores, poderes y riquezas.
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Ustedes sean prudentes. esfuércense en ser los primeros, en servir, en comprender, en perdonar, en amar... y sean los últimos en ser servidos, comprendidos, perdonados y amados.
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La locura del hombre está en el afán de ser siempre el primero en las carreras por los éxitos del poder, de la riqueza y del prestigio. Nadie quiere ser pequeño. Todos quieren los primeros puestos y en ese afán, que es locura, se destrozan, se odian y se matan. La consecuencia es una sola: para vencedores y vencidos: el odio y la amargura interior, que es falta de paz, de felicidad y libertad en síntesis.
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El secreto de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, Madre, Maestra y Modelo para ustedes, en el sentido de despojo personal y de limpieza, que la hace libre y virgen. Esto es: absolutamente virgen para recibir, vivir y dar a Dios. Imítenla.
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Solo Dios hace libre, pacifico y feliz al hombre.
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La felicidad de Dios tiene raíces que solamente crecen dentro del corazón de cada hombre. Sólo allí también crece y da frutos ese árbol raro y misterioso que en vano se busca en otra forma. Sin Dios y si no es al modo de Dios, no hay felicidad.
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María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, es el prototipo del ser o creatura feliz. Y lo es, porque Dios está y obra en Ella. Imítenla.
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Ejercítense en el esfuerzo constante y creciente de dar a Dios el primer puesto siempre, por amor a EL; y los segundos y terceros también por amor a Él, a sus hermanos a quienes deben amar como a ustedes mismos.
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Ejercítense en querer ocupar los últimos lugares. Si tal hacen no tendrán tropiezos y siempre estarán en primera fila y primer puesto para servir, comprender, perdonar y amar.
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El amor es el nuevo, siempre nuevo y novedoso mandamiento de la ley de Dios. es el arma con la que Dios quiere cambiar el corazón del hombre, por su Señorío en él; y, con él, cambiar el corazón del mundo, para hacerlo un cielo para el hombre.
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Imiten a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen. Como Ella, procuren ser pequeños. Ser mansos y humildes de corazón. Ser vírgenes. Ser justos. Ser veraces. Ser pacíficos. Dejar que Dios entre en ustedes por la limpieza de ustedes y obre en ustedes, desde ustedes, con ustedes, por voluntad y libertad de ustedes. No acumulen vanas riquezas.
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Oren, oren, oren.
Oren siempre.
Sean oración.
