Un dia como hoy... Acta 173, febrero 15 de 1986 Mexico D.F

Monday - Feb 15 2016

 

Sean Bienaventurados,

Sean benditos.

Todos sean benditos.

La bendición del Padre, la bendición del Hijo y la bendición del Espíritu Santo, caiga sobre ustedes y permanezca, para siempre, en todos y en cada uno de ustedes.

Amén.

Yo, el que Soy, el Uno y Trino, el Santo de los santos, el que Somos, Dios, tu Dios y tu Señor... Yo los bendigo y los proclamo delante de los santos y los ángeles e inscribo para siempre, sobre el corazón de María, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, nuestra Señora de Guadalupe y de la Alianza y en el corazón de Dios, como a santos y elegidos, en memoria de estos días de entrega y devoción de ustedes.

Han permanecido en oración. Han pensado, han vivido y han obrado en oración. Lo fundamental ha sido esto. De ese modo me han oído y me han hablado. Han estado dispuestos y llenos de mi gracia y Yo les he enseñado. Han aprendido muchas cosas claves y muy fundamentales. La primera, que nada de lo que es hecho por el hombre, sin el amor de Dios y su asistencia, permanece más allá del tiempo caduco de los hombres. La segunda, que solo Dios tiene poder y permanece. La tercera, que, para hacer cosas eternas deben ser humildes y cederse a Dios. La cuarta, que lo único eterno es Dios. Por tanto, solamente Él y lo de Él, no mueren. Son eternos. La quinta, que Dios quiere y puede hacer, para felicidad del hombre, el cambio del orden y de su historia sobre el mundo. La sexta, que Dios hace obras grandes con pequeños e inútiles elementos. La séptima, que la hora de los cambios que Dios quiere, ya ha empezado. La octava, que deben orar y bendecir. La novena, que el mundo necesita oración y bendiciones, para ser un mundo nuevo, de paz, de amor, de libertad y de justicia. La décima, que deben cambiar el modo o estilo de relacionarse con el hombre y sus culturas pasadas y presentes. La undécima, que el único estilo de relaciones para el cambio es el amor. La décima segunda, que Dios, por amor, respeta la dignidad del hombre. La décima tercera, que, ustedes, si son de Dios, deben respetarse y respetar al hombre y sus culturas, como Dios lo hace. La décima cuarta, que el amor es la única fuerza que hace cambios perdurables, para el bien y la felicidad del hombre y de sus ambientes y culturas. La décima sexta, es que ustedes ahora saben que la forma más concreta de eficacia, es el dominio sobre ustedes mismos. Que deben ser ustedes, en ustedes mismos, santos y perfectos como el Padre Celestial. La décima séptima, que Dios quiere, ante todo, que ustedes sean humildes y sean mansos. Que no tiranicen. Que amen y respeten a su prójimo y a todo lo que es de él. Que no pueden ni deben violentar la dignidad de nadie, aun con los mejores ideales. Que, por sobre todo, como posición concluyente del amor, esta el respeto debido a la dignidad de los hermanos. Que el mejor don que ustedes pueden ofrecer a sus hermanos, por amor, es el respeto a su dignidad y la admiración debida a su dignidad de hijos de Dios, sean como fueren y en la condición en que se hallen. La décima octava, que la felicidad es fruto del amor. La décima novena, que solo por amor tienen sentidos todos los anhelos de los hombres: paz, justicia, libertad. La vigésima, que sin amor, no hay desarrollo perfecto para el hombre y lo del hombre. Lo cual solo Dios da.

Estas lecciones aprendidas, experimentalmente, por ustedes, en estos siete días de enseñanza del que Es y aprendizaje de ustedes, los hacen aptos, para ejercer la profesión de hombres hijos de Dios entre los hombres.

Si, esto, observan y realizan en sus vidas, en nombre y por amor de Dios, Dios, con ustedes, hará, necesariamente, un mundo, un hombre y una historia nuevos. Para, todo esto, los bendigo y el grado que, Yo, el que Soy, el que Somos, el Uno y Trino, El Unico, la Trinidad Santísima, les otorgo, en mi Nombre, es, recuérdenlo y recíbanlo, es el Espíritu Santo.

El grado que Dios da a los que ama y predestina es, pues, "El Espíritu Santo", sean llenos, todos y cada uno de ustedes del Espíritu Santo.

Reciban, este día, para complacencia de la Santísima Virgen María, la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de Guadalupe y de la Alianza, en el mismo lugar donde Ella quiso, por mi gracia, revelarse al hombre, a través de un hombre de corazón dócil y humilde, como es el corazón de ustedes, a plenitud, el Espíritu Santo.

Sean llenos del Espíritu Santo, a plenitud, en el momento de recibir la Eucaristía. San benditos, con la triple bendición con que Dios bendice cuando lo hace para grandes e imperecederas gracias, caigan sobre ustedes, la bendición del Padre; la bendición del Hijo y la bendición del Espíritu Santo. Con esta triple bendición vayan a hacer el bien y a ser ustedes, buenos.

Sean testigos de un Dios que es amor.

Amen.

Sean amor.

Vivan.

Den amor.

Ustedes sean espejos de justicia, de verdad, de perdón, de comprensión, de servicio. Ustedes hagan y enseñen, con el ejemplo, a hacer, cuanto quisieran que se haga con ustedes. Para eso no dejen de orar, de bendecir y de ser limpios. Confiésense reconociendo sus errores.

Reconcíliense sin dar cabida a estados de odios, suspicacias, temores y rencores. Oren siempre. Sean oración. Bendigan. Vayan adelante. Adelante y arriba. Lleven, viviéndolo ustedes, mi Evangelio a sus hermanos. Que todos, por el modo de ser, de hacer y de vivir de ustedes, descubran mi existencia, mi amor y el estilo con que obro.

Que todos, me amen y me honren, no por lo que digan; sino, por lo que ustedes hagan. Por el modo como ustedes sean.

Adelante, pues, mi pequeña y gloriosa caravana de peregrinos sembradores de amor.

Vayan y den frutos y frutos abundantes de amor, de paz, de verdad, de libertad y de justicia.

Adelante!

Adelante!

Adelante!