"...Renuncien al honor de ser nombrados por el logro que dan las cosas que Dios da. .."

Lunes - Nov 09 2015

..."Sean pequeños.

Sean mansos y humildes de corazón, renuncien al honor de ser nombrados por el logro que dan las cosas que Dios da. Dejen que Dios sea nombrado y bendecido, por lo que ustedes le aporten a su causa con la forma como ustedes sepan desaparecer en lo que hacen. No se presten a crear equívocos.

Crear equívocos a Dios es ocultar a Dios y a lo de Dios, por miedo, prudentismo o mala fe y dejar que los otros, sus hermanos crean, con error, que lo que ustedes hacen es de ustedes.

No es fácil distinguir esto y por eso, no es fácil liberarse de la vanidad y la soberbia, cuando llegan los honores.

Ustedes no teman caer en el ridículo; pero teman caer en el riesgo de suplantar a Dios.

No le quiten el honor a Dios.

Los profetas y videntes verdaderos, casi siempre son crucificados, así sea con las cruces del desprecio y del ridículo que, en verdad pueden ser más cruentas que las físicas que martirizan y destrozan momentáneamente el cuerpo.

Hijos, hijitos míos: Juéguense la honra por la honra de Dios. Dejen que Él brille mientras ustedes menguan.

A esta orden nueva, novísima y novedosa de los esclavos de la esclava de Dios están llamados a morir, a ser crucificados. Ya se los he dicho. Nadie está llamado a engaño; pero también saben el premio que aguarda a sus esfuerzos. Por eso, hagan y vivan como deben.  Esto es: hagan como Dios lo quiere.  Hagan como María Santísima les aconseja y manda. Esto es: “Hagan lo que Dios les manda”.

Examínense todos, con humildad y con prudencia y rectifiquen malos pasos.  Desanden los que no estén dados como Dios los manda.

Humíllense. Sean pequeños.

Proclamen, viviéndolo, el evangelio de la mansedumbre y de la pequeñez, que no es consonante con la arrogancia y brillo al modo de los hombres.

Recuerden y reflexionen en esto:

Los dogmas y verdades que ameritan a la Iglesia verdadera tienen como sello mi martirio, en el ridículo al modo de los hombres, y el martirio, en el ridículo, de todos mis seguidores.

¿Quién no ha pasado la prueba de la cruz, en cualquier forma?

Oren, oren, oren…

Oren y vigilen.

Oren siempre.

Sean oración.

Imiten a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre virgen, madre, maestra y modelo para ustedes.

Por otra parte recuerden la fe del centurión romano. Ustedes crean de ese modo. Digan siempre, desde sus corazones.

“No soy digno de que entres en mi casa; pero una palabra tuya bastará para curarme”; lo cual equivale a lo dicho por María Santísima:

“Aquí está la esclava o servidora del Señor; que se haga en mí según su palabra”..."