- El que Es, el que Somos, el Uno y Trino, la Trinidad Santísima, el Unico, les habla.
Su voz es El. Su Palabra es la Verdad. El es la Verdad y El es su Palabra.
La Verdad, El y Su Palabra Uno son, pues no hay verdad sin El y sin El no existe la Palabra.
Lo que era en el comienzo, es y será siempre.
El es. El fue. El Será...
¡Arrodíllense! Inclínense delante del que Es. El es el Señor. El Unico Señor y Unico Dios.
Por El todo fue hecho. El por nada ha sido hecho. El ha sido siempre. El es. El será eternamente.
Todo es emanación de su existencia; eco de su voz; verdad de su verdad.
A El todo tornará, para su gloria, como regresan a su origen las aguas que se (...) hechas nubes.
Unos volverán para ser glorificados. Otros para afrenta de sus nombres. Pero, a EL, todo y todos tornarán.
El es el Alfa y el Omega. El Principio y el Fin.
El es el que es. El es Dios.
Hay dos alternativas para el hombre: creer o no creer.
De ellas se derivan dos consecuencias antagónicas: vivir como hijo de Dios o rechazar la bendición de serlo.
El hombre es libre de elegir y preferir entre esas alternativas y esas consecuencias.
Dios lo ha hecho libre; porque El, es libre y cada quien da de lo que tiene.
Dios libre, libérrimo, sólo da libertad a quienes crea, para eso, y a semejanza y a imagen suya.
Pero Dios convoca con amorosa claridad y persistencia.
Ustedes, los de esta nueva, novísima y novedosa Orden, son llamados y elegidos.
Merezcan el honor siendo genuinos. Prefieran creer y ser hijos de Dios, en consecuencias.
Si esto prefieren, como es razonable, al elegir la primera alternativa, observen con humildad y con prudencia el plan, criterio y voluntad de Dios.
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Sean vírgenes.
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Sean veraces.
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Sean pacíficos.
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Sean justos.
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No juzguen.
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Comprendan.
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No condenen.
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Sirvan.
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Oren.
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Bendigan.
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Amen.
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Sean servicio.
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Sean bendición.
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Sean oración.
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Sean amor.
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Crean, crean, crean...
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Confíen, confíen, confíen...
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Esperen, esperen, esperen...
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Imiten a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.
El plan, criterio y voluntad de Dios están revelados en las Sagradas Escrituras.
Lean, con humildad y con prudencia, a la luz del Espíritu Santo, las Sagradas Escrituras.
Reflexionen sus mensajes. Asimílenlos. Vívanlos. Practíquenlos.
Lo que Dios tenía que hacer, para creación y para felicidad del hombre, ya está hecho.
Dios todo lo que hace lo hace perfecto.
Creó, primero, un escenario con toda clase de posibilidades, para el hombre. Luego lo creó a él; porque Dios es prudente.
El hombre estropeó el plan de Dios, desde el comienzo y, por eso, enturbió la claridad de todo. El, hizo la noche en su existencia, al crear y poner sombras donde solamente existía la claridad.
La consecuencia es la medida amarga de sus días.
El pecado del hombre era irredimible; por la naturaleza del bien estropeado. Hubo necesidad, para salvarlo, de un acto insólito de Dios: su propia entrega, en remisión.
Así surgió la primera Alianza.
Dios, el ofendido, pactó con el hombre, su ofensor, darle un Salvador, condicionado a su voluntad, la del hombre ofensor, dada en una mujer virgen.
Y, el milagro se hizo. En María Santísima se consumó el evento.
La Redención está consumada, en forma total y para siempre.
Dios nada hace imperfecto.
El hombre, a nivel individual, debe consumar, eso sí, el propio pacto personal de salvación con su Señor.
El, debe, por tanto, pactar individualmente, su propia salvación, con el que puede salvarlo.
Con Dios su salvador.
Para eso, y porque ese es el plan, criterio y voluntad de Dios, debe pactar su alianza personal, con el que salva, imitado el modo, ser y hacer de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, su Madre, Modelo y Maestra.
Pero el hombre, engañado ahora como en el principio, soberbio y sin prudencia, rechaza el Don.
La Iglesia verdadera, católica, apostólica, romana, es la depositaria de todas las bondades del plan, criterio y voluntad de Dios, para salvar.
Pero el hombre no aprovecha los manjares servidos y gratuitos. Por soberbia e imprudencia, no sólo los desprecia; sino que acepta del maligno las cadenas y el pan de perdición que él le ofrece y da.
Muchos mueren encadenados y de hambre; por insensatos, soberbios y obstinados.
Muchos hacen estéril el plan, criterio y voluntad de Dios con sus cegueras y torpezas.
Muchos inutilizan a la Iglesia, obra de Dios para salvar, haciéndola impotente.
El secreto de esta nueva, novísima y novedosa Orden, está en hacer de cada uno de sus integrantes un salvado, por libre, humilde, prudente y voluntaria decisión de él.
Para ser salvado necesita aceptar la salvación.
Aceptar la salvación es aceptar al Salvador.
El Salvador no es aceptado, si el aspirante no vive el modo o estilo de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.
Vivir el estilo de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, es disponerse y ser virgen, como Ella, para recibir, vivir y dar a Jesucristo, el Salvador resucitado, en orden a la Cristofinalización.
Copiar o imitar a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, por tanto, es el secreto, para individualizar la Redención ya consumada de modo general y con posibilidades para todos. Es hacer al mismo tiempo, eficaz la Iglesia católica, apostólica, romana.
Esta es la misión encomendada a ustedes. Si cada integrante de esta nueva, novísima y novedosa Orden, se dispone, con humildad y con prudencia a imitar el estilo de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, se creará un ambiente de virginidad en la Iglesia y en el mundo, en el cual Dios, a nivel individual y colectivo haga o consume su acción redentora de Cristofinalización.
La meta es cristofinalizarse, para cristofinalizar.
Por tanto, la acción es eminentemente personal y a nivel individual. Todo dentro del marco de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana."
Acta 303
Revista María Hoy
Bogotá
Viernes, Septiembre 6, 1996 - 06:26
