"Alégrate, creatura mía, mi pequeño, terco y torpe Bastoncito de ciegos, porque nadie ignora que eres miseria y pequeñez; que, aunque eres de raza escogida, no eres más que una creatura intranscendente. Otros son, sin comparación, más llenos de apariencias, poderes y prestigios que tú. Muchos son señores, maestros y doctores de altos rangos, al modo de los hombres, ante los cuales tu eres insignificante. Los hombres a ti no te habrían escogido, para nada, frente a ellos. ¿Cómo te iban a escoger si no les dabas la medida, según sus cartabones? Mis primeros discípulos y apóstoles, eran como tú; tampoco daban la medida, al modo de los hambres, frente a los sumos sacerdotes, a los doctores, señores y maestros de esos tiempos.
Y, sin embargo, a ellos, y no a los otros, Yo los escogí, para hacerme compañía y ser los depositarios de mis confidencias, frente al asombro de todos los magnates.
Así, hijo, así es como obra Dios, para sorpresa, asombro y desconcierto de los soberbios; porque de ese modo, todos pueden comprender que, cuando salen maravillas de la miseria y de la nada - frente a Dios, no son ellas, quienes la producen, sino Dios.
Hoy, y casi a estas mismas horas, en esta misma casa, Dios quiso, por amor al hombre, y, en un nuevo y misterioso acto de su poder y de su misericordia, abrir las compuertas del misterio para comenzar un nuevo y extraordinario capítulo de su quehacer salvífico. No se trata de hacer la salvación; porque, aquella, está consumada en mi, sin otras posibilidades; porque fuera de mi no existe. Se trata solamente de una estrategia de mi amor, para mostrarles cómo aprovechar el don y las gracias existentes. Es una luz encendida en la noche para mostrarles el camino, que soy Yo, y mis tesoros irreemplazables, pero plenos, que son mis enseñanzas, mi doctrina y todos los depósitos confiados al magisterio de mi Iglesia, para eficacia y salvación del hombre. Pero, mucho de eso, permanece sin producir los efectos irreemplazables y abundantes que debe producir, no por falta de eficacia en su esencia y contenido, sino por deficiencia en su administración y uso. Del inicio de esta aventura extraordinaria y misteriosa hoy se cumple 13 años. Y hay resultados que son evidentes y no se pueden ignorar. Con verdad, nadie puede decir: Esto no es cierto; porque los resultados hablan y desmienten los argumentos que se oponen. Pero, para esta aventura, no escogí una persona recomendable, al modo de los hombres, sino, como Yo lo hago siempre, y como lo hace mi Padre. Si hubiese echo encuestas se habrían señalado la cualidades de Luzbel:. Belleza, prestigio, inteligencia, alcurnias y mil cosas más, notorias al modo de los hombres y, como resultado seria la soberbia del elegido y su adyección, como en el caso de Luzbel y como ocurre con frecuencia en donde y cuando quiera que se elige por las notorias apariencias; pero no habría la fidelidad y el reconocimiento humilde de la obra de Dios, como exclusivamente suya.
Alégrate, pues, hijo mío, mi pequeño, terco y torpe Bastonsito de ciegos, porque fuiste tú, por ser como eres y no por ser como otros quisieran que fueses.
Esta elección da perplejidad, rabia y asombro de muchos; porque no juzgan con los razonamientos de Dios. Pero ellos deben recordar que: "dura cosa es luchar contra los juicios y las obras de Dios", porque de esas luchas no quedan sino las frustraciones del hombre y, acaso, su propia condenación.
Muchos prepotentes denigran de tí; pero, ¿qué razón tienen? Y, acaso con sus aseveraciones y razonamientos mal intencionados pueden cambiar el curso de la realidad?
Lo enseñado en estos 13 años, a través de su miseria, tiene un solo propósito: enseñarles, de modo sencillo, pero eficaz, a descubrir y vivir el secreto de la vida eterna, revelado en Juan 17,3:
"Que te conozcan a ti,
el único Dios verdadero,
y a Jesucristo, a quien has
enviado"
el secreto de estas enseñanzas, es como el de quien desempolva un cuadro para ver la belleza y transcendencia de la obra de arte que contiene. No es pintar el cuadro, sino desempolvarlo, para disfrutar su contenido.
La Espiritualidad de los hijos de la Madre de Dios, no es, por tanto, una doctrina creada para rivalizar con la doctrina de la Iglesia católica; sino unas enseñanzas que invitan a vivir la Doctrina y la persona de Jesucristo. Es apenas el clamor insistente que invita a ser cristiano dentro de un estilo: el de Cristo.
Los integrantes de este clamor nuevo, descubran y vivan su esencia: "recibir, vivir y dar a Jesucristo"
Para eso, sean vírgenes. Aprendan a negarse a ustedes, para que Cristo aparezca en su plenitud de Dios y hombre verdadero.
La virginidad es la gran novedad de esta aventura, que es una realidad contrastante y avasalladora, cuya raíz esta en el verso 48 del capitulo 5 del Evangelio de Mateo.
"Sed, pues, vosotros perfectos,
como vuestro Padre que esta
en los cielos es perfecto"
Esa perfección plantea una negación:
El hombre, por si y en si, es incapaz de ser perfecto y menos con la perfección del Padre celestial, cuya perfección es plena. Solamente Jesucristo, su Hijo Único, es semejante e igual en perfección al Padre celestial. De ahí que, si el hombre quiere alcanzar el grado de perfección propuesto por Jesucristo, tiene un solo y único medio: poseer y vivir a Jesucristo, lo cual requiere: recibirlo y vivirlo. Pero, para recibirlo y el secreto también es uno y único: negarse a si mismo. O sea: desocuparse de si; para llenarse de Cristo hasta poder decir con Pablo:
"No vivo yo, es Cristo
quien vive en mi"
Y, eso, es la virginidad:
"Ser limpio y libre de todo
lo que no es de Dios"; para que Cristo viva y obre en mi.
La novedad de lo enseñado esta en esto: facilitar el medio; para poder vivir lo que ya existe.
En los años que siguen esfuércense en vivir y practicar este secreto. Pero, eso, como toda practica vivida, requiere mucho sacrificio y, en consecuencia, muchos ejercicios, constantes y reiterados de limpieza. No del otro (el prójimo) o de los otros; sino del sujeto en si.
Ahora, cuando se alistan al próximo Encuentro Nacional, observen vivan y practiquen esto.
Ninguno de los elegidos para un cargo, esta llamado a ser maestro, doctor y señor; sino a servir y a amar.
Quien piense y haga lo contrario, sepa que esta optando por la suerte de Luzbel.
Nada hay más cercano de la negación de Dios que la soberbia; porque, el soberbio, se endiosa y, como consecuencia, se revela. Por eso, frente a Dios, y, como resultado, frente al hermano o prolijo, se da la tajante decisión del malo, mi enemigo:
"No te serviré"
Piensen, mediten, reflexionen.
Recuerden y no lo olviden:
Dios los ha llamado a que sean santos y perfectos como él.
Y, ser santo y perfecto como Dios Padre, equivale a vaciarse de si, ser virgen, para que Cristo viva y obre en él.
Ejercítense, por tanto, en ser mansos y humildes de corazón, como jesucristo, su único Señor, su único Maestro y su único Dios.
El primero y mayor resultado de este Encuentro sobre la Virginidad, sea: adquirir conciencia clara de que cada uno de los miembros de la Espiritualidad es un testigo vivo del amor de Jesucristo, el cual se revela en el servicio, que debe ser, y es, la donación de si al otro. Lo cual no se consigue sin humildad. Y recuerden: la humildad es el exponente más perfecto de la virginidad.
Quien juzga a su hermano,
es un juez.
Ustedes no son jueces, sino servidores,
por amor, del prójimo.
Nadie, por tanto, enjuicie a nadie. Y, quien lo haga, sepa que, ese juicio, es su propio juicio y, como consecuencia, su propia condenación.
Las células rectoras y, por tanto, sus integrantes, deben ser los servidores por esencia. Por tanto, quienes se distinguen por el amor que vivan, demostrado en la capacidad de:
Servir,
Comprender,
Perdonar,
Amar.
Despojénse de toda clase de sentimientos de poder y mando.
Sean humildes
Sean vírgenes."
Acta 1.024
